miércoles, 16 de febrero de 2011

Silencio

  1. La soledad fortalece al hombre en sus propósitos, como la encina sostiene vigorosamente sus ramas para que resistan los vendavales.
  2. El silencio es útil como la boca del horno que no deja salir el calor, necesario para cocer el pan. Sé parco al hablar, como procuras mantener tibio el aire en tu pieza en el crudo invierno.
  3. Sólo Dios es santo, y los hombres -quien más, quien menos- tienen manchas y miserias: aprendamos por lo tanto a tratar más con Dios que con sus pobres criaturas.
  4. Se recomienda silencio por la mañana antes de la celebración de los sagrados Misterios, y por la noche después de la comida.
  5. ¡Qué hermoso dejarse guiar por el espíritu del Señor! ¿Prestamos atención y obedecemos a sus divinas inspiraciones?
  6. En el silencio y en la soledad se maduran las grandes empresas para salvar a la tambaleante sociedad.

Corrección

  1. Si quieren que les sea perdonado mucho, amen mucho a sus dependientes. Cuídense en especial de las tentaciones del capricho, de las actitudes sostenidas, cuando por caso suceda -o les parezca- que no son debidamente respetados. El premio a sus solicitudes lo han de esperar sólo de Dios.
  2. Los jóvenes estén siempre alegres y ocupados.
  3. Los huérfanos, que se nos han confiado, deben encontrarse en la Casa como y mejor que en sus propias familias.
  4. Lo que no se obtiene con los buenos modales raramente se obtiene con la fuerza de la autoridad. Se atrapan más moscas con un poco de miel que con cien barriles de vinagre.
  5. Es necesario hacerse amar, previniendo las faltas... Pegar es un desahogo de la pasión.
  6. Hay que reducir al buen camino con la fuerza de la persuasión, y no con castigos, los cuales, mientras ofenden la dignidad moral y causan sufrimiento físico en cuerpos a menudo enfermizos, nunca logran mover la voluntad. Tratemos que la acción de corregir se inicie con amor, dulzura y modo paternal: será una corrección lenta, pero segura.
  7. Recuerden que muchos defectos de los adolescentes son sólo liviandades y efecto del hervor de la sangre, y por lo tanto ni llegan a pecado o transgresión.
  8. Traten a los chicos con confianza y cariño, y a los mayorcitos como hermanos.
  9. Demuestren que aman a sus dependientes y las cosas que les pertenecen, pero no se dejen arrastrar por pasiones de patria o política.
  10. La juventud ama y quiere ser amada: por el afecto se abren muchas puertas para entrar en el santuario del corazón, para bien dirigirla.
  11. El profesor que desea brindar con provecho su enseñanza debe tener un alto concepto de su cargo; pero no olvide que los padres le confían a sus hijos para que cuide de ellos como otro "padre".
  12. El que enseña debe atender -él mismo- con aplicación a crecer en el estudio y en la vida virtuosa.
  13. Hay que proporcionar la corrección en la tierna edad del niño; el castigo debe ser moral: a menudo una sola mirada basta; una palabra de reproche, una nota mala puede resultar un castigo eficaz.
  14. Los jóvenes están muy sujetos a las impresiones de simpatía y antipatía: sea muy cauteloso el maestro.
  15. El maestro debe ser hombre de oración, debe tener caridad y buen corazón.
  16. Sea lento en castigar; cuando sea el caso, cuídese de obrar con ira, muéstrese, al contrario, frente a todos, lleno de dignidad.
  17. Debe ser bondadoso con todos, por igual; si quisiera tener alguna preferencia, téngala con el más necesitado.
  18. A los muchachos hay que brindarles muchas satisfacciones morales: siempre hay que alentarlos, jamás acobardarlos.
  19. El recreo debe ser el ejercicio gimnástico y una ayuda considerable para la salud física -para el normal desarrollo del cuerpo- y moral, para las virtudes de la mente.
  20. Los prefectos de alumnos, que saben animar los recreos con múltiples entretenimientos y saben alentar al trabajo y al estudio, obran un gran bien en la Congregación.
  21. Dése a los jóvenes una variada alimentación de prácticas devotas.
  22. La directiva para obrar el bien nos la da el Señor: "Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón".
  23. Cuando en lugar de unión se nota distancia entre los corazones, es señal de que hubo una corrección incorrecta, es decir, no hecha con caridad y buenos modales.
  24. ¡Cuánto aprovecha la santa pureza para estar con los jóvenes! La pureza duplica la caridad y multiplica los buenos frutos.
  25. Para que el sistema preventivo quede bien fijo en la mente y en el corazón:
1) Hay que reparar en que todos somos hermanos en Cristo, herederos del mismo Paraíso; que el prójimo cuanto más infeliz tanto más merece nuestro cuidado; muchos defectos que nos chocan son fruto de ignorancia y poco o nada ofenden a Dios.
2) Está escrito que "quien no da mano a la vara odia a su hijo" y por lo tanto un padre, que ama y sufre, puede y debe a veces recurrir al castigo; así el superior que ama y sufre puede y a veces debe dar ejemplo de severidad, sin olvidarse nunca de la misericordia.
3) Téngase en cuenta que puede existir una tentación peligrosa: a veces por celo vienen ganas de desunir los ánimos de los superiores entre sí y con los inferiores. Es preferible pecar por indulgencia que por rigor. Acuérdense todos que hay que imitar al Divino Corazón de Jesús, manso y humilde.

lunes, 14 de febrero de 2011

Superiores y subordinados

  1. Los Superiores, al dirigir a sus subordinados, traten de ser -más que superiores- padre, hermanos, amigos: favorezcan con sencillez el amor confidencial propio de las familias patriarcales: llamen a sus dependientes cariñosamente, por su nombre; sólo en casos raros y necesarios hagan valer la autoridad, para que no sufra daño la caridad.
  2. Nuestro sistema es éste: los que presiden asuman corazón de padre, más aún, de madre; y estén listos a muchos sacrificios.
  3. A todos los cohermanos, de cualquier edad y oficio, les sea permitido exponer, de viva voz o por escrito, su modo de pensar; porque suele el Señor manifestar su voluntad en forma más clara por la boca de los sencillos y humildes; y también se consolida esa familiaridad que debe unir y fusionar la mente y el corazón de todos los miembros del Instituto.
  4. Es un arte muy importante el de saber empujar y guiar a los demás -por los medios del amor- a sacrificarse por la Obra: en esto consiste a menudo el secreto de un buen gobierno de la comunidad religiosa. A tal fin es necesario que los Superiores se hagan bien querer en el Señor y que ellos sean los primeros en dar ejemplo de abnegación y suave virtud.
  5. La prudencia es la máxima dote de quien tiene el difícil mandato de la dirección.
  6. Los subordinados piensen que servir a Dios es reinar, que es mejor obedecer que mandar. La perfección y la santidad consiste en amar a Dios y al prójimo; la caridad fraterna es siempre prenda de felicidad temporal y eterna.
  7. Los superiores intermedios deben vivir con gran humildad y desconfiar de sí mismos. Pidan al Señor que los libre de las tentaciones de los jóvenes, a saber: de la precipitación, la liviandad, la presunción, el egoísmo. Consideren una gracia insigne el poder brindar su tiempo al servicio de Dios y del prójimo. Acaren las directivas de sus superiores con sumisión, sabiendo interpretar su espíritu; déjense llevar, en sus relaciones con ellos, más por el amor y la confianza que por el temor.
  8. Un padre que ama y sufre puede -a veces- largar un buen bofetón a su hijo caprichoso; igualmente el Superior, si ama y sufre, puede y debe, a veces, dar ejemplo de severidad, sin olvidar nunca la misericordia, aún cuando suba la cólera. El castigo debe mejorar al individuo, jamás empeorarlo; el ejemplo de rigor debe infundir un sentimiento no tanto de temor y miedo, cuanto de amor dolorido y piedad filial.
  9. El personal íntimamente apegado a la Pequeña Casa mora en ella con plena confianza, brindando su obra caritativa no ya con temor, sino con cariño.
  10. El que tiene poder de mando piense que puede ser el consuelo o una prueba de tormento para los subordinados: gran desventura sería destrozar un corazón, en lugar de envolverlo en un halo de bondad.
  11. La superioridad radica toda en la sola virtud y en el mérito.
  12. Una vez que se haya corregido o castigado una falta, no se la recuerde más; los superiores más bien traten al que faltó con mayor cariño; pidan al Señor que les done una tierna caridad para con todos en general, y más en particular, para con sus cohermanos.

Confianza en la Providencia

  1. Vivir en mucha pobreza y confiar completamente en la Divina Providencia es virtud de alta perfección.
  2. Dos cosas hacen faltar la Providencia del Señor: la desconfianza y el pecado.
  3. Desconfiando se impide la intervención de la Providencia.
  4. Cuando la Providencia ha abierto camino, no se debe perder tiempo: es necesario apurarse y proseguir en él.
  5. En las fundaciones, cuando intervienen las medidas humanas y la ayuda del brazo del hombre, parece que la mano de la Divina Providencia se acorta.
  6. Si quieren que la Congregación se vuelva anémica y se desplome al suelo, permítanle que se enriquezca. Las comodidades y las riquezas le propinarán el veneno.
  7. Secreto y alma de la Obra es la confianza en el Señor.
  8. Dios proveerá para pagar las deudas que se contraigan con recta intención, prudente juicio y para una obra santa.
  9. Vale más un grano de confianza en Dios que cien de providencia o previsión humana: desconfiando se impide la intervención de la Providencia.
  10. No podemos detenernos mientras haya pobres que acoger, necesidades que proveer.
  11. Dulce es siempre el pan que viene de las manos del Señor providente: dulce especialmente cuando cueste esfuerzo y sudores.
  12. ¡No se desconfíe nunca en la Providencia! Ella dará por lo que se haga.
  13. ¡Qué hermoso es vivir y morir bajo el amparo de la Divina Providencia!
  14. Ábranse Casas y alójese a los necesitados, confiando sobre todo en la ayuda de la Divina Providencia. No se tenga la preocupación de acrecentar patrimonios: lo que envíen la Providencia póngase al servicio de los pobres, teniendo presente la enseñanza de Jesús: "Danos hoy nuestro pan de cada día... Busquen el Reino de Dios, lo demás se les dará por añadidura".
  15. Entre varios candidatos se preferirá al que sería expuesto a mayores peligros morales, de no ser aceptado.
  16. Nosotros somos como los pollitos bajo las alas de la Divina Providencia Madre.
  17. Mucho mejor es encontrarse en circunstancias tales que debamos depender de la ayuda divina más que de la humana.
  18. Mucha fe y recta intención ha de tener aquél que el Señor llama a ser instrumento de la Providencia.
  19. Será bendecida en modo especial la Casa cuyos miembros, como hormiguitas laboriosas, se apliquen con diligencia a procurar el bienestar moral, espiritual y económico de la Casa.
  20. El verdadero Superior de la familia es el Señor providente. Los superiores de la Casa representan a Dios y son simples instrumentos suyos. Como en las colmenas y en los hormigueros está la reina que manda y las obreras que obedecen y juntas trabajan incansables, así superiores y dependientes, firmemente unidos, se esfuerzan en cumplir cada uno con su tarea, para proveer a las necesidades comunes, y trabajan de tal modo que todo lo esperan de la Divina Providencia y nada de sí mismos.
  21. El Señor es un Padre tan generoso que a sus criaturas dona su propio Corazón a cambio del corazón humano tan pobre. En esto reside la fuerza del principio y progreso de las Obras de la Casa de la Divina Providencia: no se cansen los Superiores de afirmarlo, y los subordinados de oírlo repetir. Con estas máximas en la mente y en el corazón, todos los miembros de la Casa deben sentirse dichosos y transparentar su alegría, porque son hijos de la Divina Providencia, de la cual agradecen la bondad. Pero también consideren que siguen a Cristo pobre y atribulado, y por lo tanto, armados de fe, esperanza y caridad, deben sostener el peso de la pobreza y los fastidios de cada día.
  22. Cuando a la Providencia plazca probarnos con las angustias de la escasez ¡qué nadie se desanime o se queje! Piensen todos que se puede, y es provechoso, ser mártir, como de otras virtudes, también de la santa pobreza.
  23. La Casa de la Divina Providencia debe apuntar y mirar alto: procure que el Asilo se llene de pobres, los cuales -es sabido- son muy queridos por Dios y hacen bajar la lluvia de la Providencia.
  24. ¡Hasta medianoche me ocupo yo, después de medianoche se ocupa Dios!
  25. El Señor alimenta a las aves del cielo y a las hormigas de la tierra: ¡cuánto más cuidará de nosotros, en cada circunstancia, sobre todo si mostramos creer y obedecer su exhortación: "Busquen primero el reino de Dios y su justicia; lo demás se les dará por añadidura"!
  26. Los Siervos de la Caridad son hijos de la Divina Providencia; es precisamente en los casos de enfermedad o en las dificultades cuando deben patentizar su confianza en el Padre celestial, que apacienta buenos y malos, pero en especial cuida de sus hijos y fieles servidores, socorriéndolos amorosamente con el remedio necesario.
  27. El Señor se ha obligado a darnos lo necesario, no así lo superfluo o agradable.
  28. Gay que prestar suma atención a las indicaciones de la Providencia, y confiar altamente.
  29. Hace falta ser agradecidos a la Divina Providencia, correspondiendo a su gracia y cuidando del trabajo y de la economía.
  30. La Providencia hay que merecerla: creyendo con firmeza, esperando el tiempo y modo oportuno, rechazando las ansiedades, trabajando duro.
  31. Una finalidad humana, aunque no mala, haría temer por el fracaso de una obra que se empieza.
  32. No le cuesta al Señor hacernos llegar los medios necesarios para construir casas e iglesias para sus pobres: el dinero es tierra y el mundo está lleno de tierra. ¡Tengan fe!
  33. Para recibir a dos manos de la Providencia, es necesario dar a cuatro manos a los pobres.
  34. Los Superiores representan a Dios, los pobres son los benjamines de la Providencia, los verdaderos señores y patrones.
  35. Han de regir las Obras el espíritu de fe en la Providencia, el trabajo, el sacrificio; en dos palabras la santidad y el trabajo.
  36. De tejas abajo hay profunda oscuridad; miremos de tejas arriba. Si no hay confianza, la Casa se derrumba.
  37. Una Casa de Providencia, con muchos asilados que deben vivir su fe en la Divina Providencia, es natural que se encomiende a las oraciones de los buenos sobre la tierra y a muchos Santos del Paraíso.
  38. Recuerden los Siervos de la Caridad que aquel Dios que viste los lirios del campo con tal hermosura que ni Salomón la tuvo, nunca hará faltar nada a aquellos que trabajan únicamente por Él y para mayor gloria de su Nombre.

domingo, 13 de febrero de 2011

Caridad con los pobres

  1. El que da a los pobres presta a Dios.
  2. Para recibir a dos manos de la Providencia, hay que dar a cuatro manos a los pobres.
  3. Llénese de pobres la Casa, y caerá una lluvia de bendiciones.
  4. Todos los asilados han de estimarse como amigos queridos y hermanos en Jesucristo.
  5. Los asilados son nuestros amigos y los preferidos de la Providencia: hay que amarlos para que Dios nos asista.
  6. A los ancianos, porque son más dolientes, hay que tenerles mayor compasión; más que físicamente se los ha de mirar con ojos de fe, pues han quedados privados de la natural atracción de los afectos puramente humanos.
  7. El amor sugerirá los modales y discursos adecuados para aliviar a los doloridos.
  8. Un pobre apenado se gana con el trato cortés y se pierde con un trato grosero.
  9. A los ancianos e inválidos no hay que hacerles nunca reproches ni se los debe afligir.
  10. Haya especial cuidado de los abandonados y de los que no tienen recurso humano.
  11. Téngase a los subnormales verdadera estima y cariño como a criaturas de Dios, como a miembros de Jesucristo.
  12. La enfermería bien puede llamarse la hospedería de Dios, pues en ella se hospedan los pobres enfermos, que son la imagen más real de Jesucristo.
  13. Todos los miembros de la Casa han de educarse a sentimientos vivos de compasión hacia todo género de afligidos; un corazón bondadoso es bendecido por Dios.
  14. Los pobres son nuestros predilectos: por ellos debemos trabajar y sufrir.
  15. Reflexiónese en que los pobres son infelices, y como tales hay que compadecerlos. La pobreza es tan grande bajo el punto de vista de la Fe: es necesario que al menos en parte se sientan las privaciones de la pobreza, para que sea meritoria.
  16. Los pobrecitos inválidos son muy sensibles al buen y al mal trato; son como los niños que pronto se ganan y pronto se pierden.
  17. Mientras haya pobres y necesitados no se puede poner punto final a las obras de caridad.
  18. Los enfermeros tengan un corazón rebosante de inteligencia y ternura.
  19. Un pueblo de hambrientos que se alimenta a la mesa de la caridad cristiana es como una multitud de ángeles que traen a la tierra favores celestiales.
  20. Un pobrecito se presenta ante ustedes y extiende con vergüenza la mano pidiendo piedad... Ustedes sacan la suya y dejan que se escurra en la de él copiosa limosna. El mendigo agacha la cabeza, depone un afectuoso beso sobre el dorso de vuestra mano, dejando caer sobre ella dos gruesas lágrimas. ¡No las sequen! Son dos joyas preciosas: preséntenlas al Cielo diciendo: "Señor, a mi me diste la satisfacción de socorrerlo; a él el don del agradecimiento..." Alégrense, porque la mano que da limosna es una mano bendita.
  21. Los que asisten a ancianos e inválidos son como el soldado que sostiene entre sus brazos al amigo herido de muerte.
  22. Cuando llegue el momento de entregar a la madre tierra el cuerpo de nuestros abuelos difuntos, entonces se dé cabida -entre la Casa y entre sus familiares- a sentimientos de cristiana tristeza y confianza; abúndese en los sufragios, para asegurar al alma su eternidad feliz.
  23. En el juicio final Dios tendrá misericordia con los que la practicaron con los pobres.
  24. Un cristiano que tenga fe y corazón no puede pasar indiferente ante la indigencia del pobre; ahí se conoce si es verdadero discípulo de Cristo: si tiene caridad con los que sufren.

Buen ejemplo

  1. El mundo necesita el aire puro de la virtud.
  2. El buen ejemplo es una flor fragante, que -como la violeta- se esconde entre las hierbas y, sin embargo, se hace notar. Es como la hermosísima azucena que -aún vista de lejos y de cualquier lado- alegra el corazón.
  3. El buen ejemplo es como un rayo de luz que baja del paraíso; es como un fuego que calienta los corazones fríos; es un imán que atrae y une a Dios.
  4. El buen ejemplo es la primera y más elocuente de todas las escuelas.
  5. Más vale la lección del ejemplo de un santo que la ayuda de volúmenes enteros que dictan preceptos de filosofía puramente humana.
  6. El sacerdote sea un preclaro dechado de buenas costumbres, cuídese de toda apariencia de mal. En las miradas, en los gestos, en toda su conducta debe mostrar decoro y santidad. Sea interior y exteriormente ministro de oración: siempre ha de orar, con la boca y el corazón. Su vida intachable ha de ser comprobada con hechos y palabras de caridad.
  7. El director espiritual ha de preceder con el buen ejemplo, porque éste arrastra, como el imán atrae el fierro. Sea intachable en el estudio y en la oración, porque el cuidado de las almas es el arte de las artes.

Contacto con Dios

  1. La gracia del Espíritu Santo, como combustible en la nave, nos permite surcar el mar de la vida.
  2. El Señor se fija en ti, como un padre lo hace complacido en su hijo único.
  3. Tras tantos siglos de cristianismo, ¿se encuentran todavía cristianos por la mitad?... Duele recordarlo. ¡Cuántos hay, cuántos!
  4. Jesús está a la puerta de tu corazón. Golpea con el latido del arrepentimiento y llama con la voz de las inspiraciones, ¿te parece abrirle?
  5. La Iglesia es nuestro Paraíso en la tierra.
  6. Para entenderse justamente con los hombres, hay que saberse entender ante todo con Dios, que es camino, verdad y vida.
  7. El Señor te observa con suspiros de amor, mejor que una madre que cuenta los latidos del niño que duerme.
  8. Jesucristo es el Amigo que no abandona.
  9. El asiduo conversar con Dios sirve para avivar más la caridad.
  10. Tu mayor consuelo aquí en la tierra es mirar hacia Dios y llamarlo: ¡Padre! ¡Padre!
  11. Los Siervos de la Caridad deben saber comunicarse con Dios en los ejercicios -hechos en común- de la meditación, del examen práctico, la oración vocal, etc., porque donde hay varios reunidos en su nombre, allí está Jesús en el centro, que todo lo rige y gobierna.
  12. El espíritu de cada casa debe ser el de una familia, que todo lo tiene en común, bienes espirituales y temporales. ¡Ojalá se refleje en cada familia de la Congregación el resplandor de la Sagrada Familia de Nazaret!

Constancia en las adversidades.

  1. El gran deber de todo cristiano es no temblar frente al peligro; hay que trabajar con todas las fuerzas y en las maneras que la Divina Providencia sugiere.
  2. Cuando uno tiene vivísimo deseo de hacer el bien, supera todas las barreras y se hace presente.
  3. Hay que acostumbrarse a las contradicciones, sin desanimarse nunca: en ellas encontramos nuevas fuerzas, como los remeros que se robustecen más remando en la tempestad.
  4. Trabajar con vigor y al mismo tiempo con tranquilidad, estar unidos y contentarnos de los humildes servicios de cada día: esto se llama medio seguro para sacar provecho de sus talentos.
  5. ¡Qué dicha cuando Dios nos venga a visitar! Mientras tanto, como centinelas fieles, quedemos en nuestro lugar, a la espera.
  6. La paciencia de espíritu es como la abeja reina en una colmena: si se la quita las abejas se alborotan, murmuran y se matan hasta la última.
  7. Una persona ignorante, pero paciente, obtiene mucho más que otra docta e instruida, pero fogosa y precipitada.

Sufrimientos y alegrías

  1. La santidad, y por lo tanto la felicidad del hombre, consiste en observar los preceptos de la caridad, aún cuando las pruebas sean grandes y difíciles.
  2. Cuando experimentamos alguna pena particular, alentémonos al ver que los santos han padecido alegremente penas mayores.
  3. Debemos trabajar con voluntad vigorosa, con espíritu alegre, porque si es del agrado de Dios podemos brindar al prójimo un buen ejemplo de abnegación, y así cumplimos con la voluntad de nuestra vocación.
  4. Cualquier desventura que nos sobrevenga no debemos juzgarla una desgracia, sino un cáliz de amorosa medicina.
  5. Este mundo está lleno de iniquidad: necesita víctima para que se salve.
  6. No hay satisfacción que se pueda comparar con las del sufrimiento.
  7. Es hermoso llorar con quien llora, mucho más hermoso es gemir para que los demás puedan disfrutar de las delicias del Cielo.
  8. Los padecimientos forman el baño que sirve para purificar el alma y que pueda presentarse limpia a la presencia de Dios.
  9. La escuela del dolor es la más eficaz que Dios usa con nosotros.
  10. Sin padecer mucho es imposible a cualquiera alcanzar un grado de virtud y prosperidad.
  11. Dolores y alegrías se alternan en la vida: hace falta amar las tribulaciones para ser dignos de consuelos que luego Dios otorgará en la prosperidad.
  12. Las dificultades son el sello de aprobación de nuestras obras.
  13. El cimiento de las Casas de la Divina Providencia está representado por la letra "F" repetida cuatro veces: "fame, fumo, freddo, fastidi" (esto es: hambre, humo, frío, molestias).
  14. Poco a poco, amorosamente, es necesario llevar el corazón de los jóvenes por el camino espinoso de la Cruz, hacia la santificación.
  15. Se desea que los Siervos de la Caridad sean héroes en el ejercicio de la mortificación con este sencillo recurso: doblar los hombros en un suave pero continuado trabajo en el desempeño de sus oficios.
  16. Se desea que cada uno se acueste a la noche cansado y como molido a palos, y así pueda dormirse satisfecho y feliz.
  17. Cuantos mayores sean las pruebas a las que Dios quiera someterlos, tanto mayores serán las gracias con las que Él los colmará.
  18. Para ser pequeños fundadores se necesita ardor, sacrificio y fe.
  19. Dios es el manantial inagotable de felicidad.
  20. Nuestra penitencias, nuestro cilicio, lo constituya un trabajo enérgico.
  21. Obsérvense con diligencia los días de abstinencia y ayuno que manda la santa Iglesia; agréguese, en obsequio al Sagrado Corazón el ayuno de todos los viernes del año. Otras mortificaciones se pueden suplir con la operosidad enérgica y el eficaz desempeño en las tareas.
  22. Nuestro mayor sacrificio es el de observar la Regla con exactitud.

Penitencia

  1. Las fatigas de la vida, la pobreza, las contradicciones avivan la llama de pensamientos y propósitos santos.
  2. ¡Pobre de aquél que no sabe mortificarse! Más pobre aún el religioso que no se aprovecha del espíritu de penitencia para hacer progresos en la santificación de su alma.
  3. Es tan necesaria la mortificación que -sin ella- no se podría llevar una vida razonable sobre la tierra.
  4. Quien desea obrar bien, no debe reparar en las incomodidades, ni tener miedo de perder cuatro pesos, por amor a Dios.
  5. Las mortificaciones y penitencias sirven en particular para tener humilde la cabeza, fuerte el corazón, sujeto el cuerpo.
  6. Hay que mortificar la vista sin parecer mojigato; el oído sin ser o parecer rústico.
  7. La mortificación nos tiene clavados con Cristo en la cruz.
  8. Con ejercicios penosos y entrenamientos se hacen célebres los atletas seglares; mucho mejor y más eficazmente se hacen santos los personajes ilustres de la virtud cristiana.
  9. Bueno es mortificar la carne, pero es mucho mejor purificar el corazón de los afectos impuros o incontrolados.
  10. Sin cansancio no se hace nada.
  11. ¡Cuánto trabajo de mortificación antes de volverse instrumentos dignos en las manos de Cristo, para obras santas!
  12. Despacio, pero constantemente, trabaja Dios en el alma, como lo hace el cincel del artista sobre el mármol, para sacar a luz una hermosa estatua.
  13. Sufrimientos extraordinarios, gracias extraordinarias.
  14. La tribulación es el martillo con que se perfecciona nuestra alma.
  15. La víctima que sufre tiene el corazón semejante al de Jesús.
  16. Se necesitan víctimas para edificar Obras.
  17. Hacen falta víctimas en todo, pero en particular para levantar baluartes de salvación para las almas.
  18. No es posible hacer el bien más que subiendo al fatigoso camino del Calvario.
  19. ¡Pobre el hombre que no está guiado por el espíritu de mortificación!
  20. La virtud que salva mana del Calvario.
  21. La más grande bienaventuranza para el cristiano es sufrir por amor de Dios.
  22. Las batallas del espíritu son duras, pero ¡qué gloria salir con la victoria!
  23. Arraiguen en su corazón a Jesús Crucificado y todas las espinas les parecerán rosas.
  24. Para hacer el bien hay que subir al Calvario.
  25. Las obras de Dios deben tener como base al sufrimiento.
  26. El amor es el agente del heroísmo en los sacrificios.
  27. El que de veras quiere amar a Dios, no lo logra sin no tiene sed continua de padecer.
  28. ¡Qué dulce es el sufrir en presencia de Dios y del Paraíso!
  29. El amor de las almas fervientes no siente carga alguna de cansancio.
  30. Hay que temer más la bonanza que las adversidades.
  31. Muchas son las aflicciones del alma: únicamente se curan con el dolor.
  32. ¡Cuánto trabajo de mortificación, antes que se imprima en la mente y en el corazón la imagen de Cristo y se pueda llegar a ser dignos instrumentos de bien en las manos del Señor bendito!

Castidad

  1. El corazón del cristiano casto debe ser de oro puro, ferviente en la caridad, como el sol que ilumina y calienta cualquier cosa creada, aún sucia, sin recibir en su resplandor ninguna mancha.
  2. El fuego rechaza de sí las gotas de agua porque son contrarias a su naturaleza; de igual modo, el corazón puro rechaza de sí cualquier pensamiento impropio.
  3. El corazón del cristiano casto está hecho a semejanza del Corazón adorable de Jesús.
  4. Todo cristiano santamente educado se comporta como cándida y fragante azucena, siempre en acitud de alegrar la visa y el olfato con su presencia.
  5. El cristiano, casto en las facultades y en los sentidos del cuerpo, debe ser como la hierba sensitiva que no quiere ser tocada: se debe conservar cándido como la nieve en los sentidos de la vista, del oído, del gusto, del olfato.
  6. Los medios para conservarse puros y casos son: vivir constantemente en la divina presencia; vigilar los sentidos; orar sin interrupción; comulgar cada día, permitiéndolo el confesor... guardar su corazón de los afectos de simpatía o antipatía; huir, como de la peste, de las parcialidades y sensiblerías. Luego vivir sobriamente en cuanto a los alimentos, bebida, descanso; y por fin: tener siempre enérgicamente ocupadas las fuerzas físicas y mentales. Esto constituye un remedio seguro para salir airoso y puro de cualquier grave tentación.

Pobreza

  1. El primer paso en el camino de la perfección se da al despegarse de las cosas terrenales: esto es absolutamente necesario para amar de veras a Dios, y poder vivir en paz consigo y en caridad con el prójimo.
  2. La pobreza, a la luz de la fe, es un gran regalo; de alguna manera hay que experimentar los efectos de la pobreza.
  3. Practicando la pobreza el religioso se gana un tesoro del Paraíso; es de fe la promesa: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque a ellos pertenece el Reino de los Cielos.
  4. Una basurita cualquiera en los ojos nos molestaría: lo mismo a la Congregación un afecto menos recto o decoroso.
  5. En cada uno quede apagado el deseo de las cosas terrenas: acostúmbrese cada cual a ver superfluo hasta lo necesario. Lo que tenemos no es nuestro, sino de los pobres, porque por ellos nos ha sido dado y para ellos lo buscamos.
  6. Aténganse los sacerdotes -escrupulosamente- a las reglas de pobreza: en la persona, en la pieza, en las adquisiciones, según la índole de la casa.
  7. Los Siervos de la Caridad muy observantes buscan para sí el último lugar a la mesa, en los vestidos, en el descanso.
  8. Mantengan limpias y acogedoras sus Casas, pero cuídense de las pretensiones del progreso, que podría ser una chispa apta para provocar un incendio.
  9. Si quieren que la Congregación languidezca, hagan que se vuelva rica: la prosperidad y las riquezas mayores y menores proveen de veneno que corrompe.

sábado, 12 de febrero de 2011

Contra el amor propio

  1. Nuestro peor enemigo es nuestro amor propio y nuestras malas inclinaciones: urge, por lo tanto, vivir siempre en sumisión.
  2. El ejemplo más hermoso que podemos dar es cuando somos humildes. La más suave satisfacción es cuando lloramos nuestros pecados.
  3. Los defectos -que siempre nos acompañarán- deben servirnos de purgatorio en este mundo, de motivo de humildad, de mayor confianza en Dios, médico tan sabio que hasta del mismo mal saca bienes mayores.
  4. ¡No se atengan al propio juicio! Suele emborrachar con sus razones.
  5. El que es auténticamente humilde no puede creer que se le falte en algo.
  6. Todo lo debemos hacer a la mayor gloria de Dios, sin reparar en la alabanza o adulación del mundo.
  7. Los puestos más humildes son los más seguros.
  8. No va en contra de la humildad, sino que le conviene, desear cosas grandes a la mayor gloria de Dios.
  9. ¡Qué profundo se debe cavar para poner los cimientos de la humildad y de la fe, que deben sostener un rascacielos de santidad!¡Y no hay que decir nunca "basta" en tal construcción!
  10. Cuando te hundes en el abismo de tus miserias, entonces intervendrá Dios y te envolverá con tal luz, que hará palidecer el brillo de todos los astros.

Obediencia

  1. El voto de obediencia constituye al religioso en hombre perfecto, porque donar a Dios la propia inteligencia y el propio corazón por intermedio de los Superiores, es ofrecerle el "maximum" y lo mejor de sí.
  2. El más alto grado de perfección religiosa consiste en la perfecta sumisión de nuestra voluntad a la voluntad divina, manifestada por los Superiores legítimos.
  3. El hijo obediente es un santo.
  4. El religioso que como hijo respetuoso dona su voluntad a Dios Padre repite el acto incomparable del Verbo terno, quien se hizo hombre para acatar íntegramente la voluntad del Padre.
  5. El bautismo nos hace nacer en el hogar de Dios; la obediencia nos hace nacer en el corazón del Padre.
  6. ¡Mientras tengamos un día de vida, trabajemos!
  7. En la voz de los Superiores está la santa voluntad del Señor: escúchenla entonces con religiosa atención y cumplan con compromiso el mandato confiado a su prudente laboriosidad.
  8. Es mucho mejor obedecer que mandar.
  9. Ser pobre y no apegar el corazón a los bienes de aquí es fácil: ser rico y no apegar el corazón a las riquezas es milagroso.
  10. El Señor a los obedientes prometió la victoria contra las tentaciones de la carne, es decir, de los sentidos, del mundo y del demonio: "el hombre obediente se vuelve personaje meritorio, que siempre y sobre todos los adversarios canta victoria.
  11. Los santos varones que llegaron a la cumbre de la perfección -todos- se esforzaron en estudiar y practicar la virtud de la obediencia.
  12. El que ofrece totalmente su voluntad a Dios merece que Dios por reciprocidad le done todo su Corazón.
  13. El demonio trata de alejarlos de los Superiores, de la Regla, de entibiar su fervor.. Perderán la vocación.
  14. Idólatras de la propia voluntad son los que en lugar de adorar la santísima voluntad de Dios -manifestada por los Superiores- siguen la suya propia que se expresa en deseos y afectos desordenados.
  15. El verdadero obediente intima con los misterios del Corazón de Cristo y, fusionándose con su querer, se familiariza con la augusta Trinidad, adueñándose de todos sus tesoros.
  16. El obediente estudia y asimila el espíritu de la Regla, la cual es su guía; presta atención a los deseos de los Superiores y casi se anticipa a ellos, sabiendo que así cumple con la voluntad de Dios.
  17. El hijo superior a todo elogio, posee mayor agudeza de inteligencia y exquisita delicadeza de corazón: emplea todas sus potencias en conocer la voluntad divina, en los detalles que más agradan al Sagrado Corazón, esforzándose por ponerlos en obra, firme y constantemente, hasta el último suspiro. Y con la misma reverencia, acata la voluntad de los Superiores, que son los representantes de Dios, acata la Regla, que es el código de los Mandamientos divinos, el Reglamento, que es la extensión menuda de los deseos del Padre celestial.
  18. Cada cohermano debe ser como un libro abierto en las manos de su Superior, para que éste pueda asignar con acierto los oficios en proporción a las fuerzas de cada uno.
  19. La virtud del discernimiento debe ser la que descuelle en un Superior; y también -en los miembros de una comunidad religiosa- debe primar la virtud de una piadosa comprensión.

Palabras

  1. Cuidémonos del defecto de hablar inutilmente de los hechos ajenos y más todavía de la crítica a cohermanos o a los mismos Superiores. Quien obra se equivoca o puede equivocarse: es caridad grande ser comprensivo o compadecer las debilidades de los demás, mucho más cuando los disculpa la buen fe.
  2. La crítica pertinaz lleva a juzgar con temeridad, a murmurar y a otros defectos, que si no se corrigen a tiempo pueden trabar y atrasar el buen desarrollo de la Institución.
  3. Examínese cada uno sobre cuánto puede haber ofendido a Dios y al prójimo con palabras frívolas, pequeñas murmuraciones y relatos tendenciosos.
  4. Hay que guardarse como de la peste de los chismes y de los partidismos que sólo sirven a perturbar la paz y el orden de la Casa.
  5. Es necesario reprimir la inclinación a la crítica malévola, la picazón de referir hechos impertinentes, provocar molestias en los ánimos, perder un tiempo precioso.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Observancia de la Regla

  1. Cada Siervo de la Caridad debe tener en sumo honor el estudio de la profesión de los votos religiosos, y gloriarse de ellos como de un fabuloso tesoro.
  2. Me siento forzado a hacer una exhortación: "Consideren siempre más y mejor la gracia que nos ha otorgado el Señor, reuniéndonos en comunidad para edificarnos mutuamente.
  3. Es necesario que cada uno siga estudiando con amor las Constituciones y el Reglamento.
  4. La Regla es como la aparición de un ángel bueno que nos indica el camino del Cielo.
  5. No hay que descuidar nunca ningún medio que alimente nuestra unión de caridad. Los medios son las prácticas, la sustancia, los matices de la Regla; por tanto, cada uno y todos tengan alto respeto de la Regla: sean diligentes en la recta interpretación de su espíritu, y en su observancia. Con esto Dios obra nuestra santificación y -por nuestro intermedio- la de aquellos que quiere salvar.
  6. Acuérdense a menudo de la bondad y del poder del Sagrado Corazón que los ha llamado a su servicio especial; y cuando en el ejercicio de la Regla tropiecen con alguna dificultad, recuerden el dicho de San Pablo: "No hay proporción entre el premio futuro y los males de la tierra..." e invoquen con fe más viva la misericordia del Corazón Santísimo de Jesús.
  7. El religioso, para cumplir con sus obligaciones, para crecer en el amor de Dios y ser hábil instrumento en las manos divinas, debe esforzarse por mantenerse constantemente en la presencia de Dios y pedir su ayuda.
  8. Dígnese el Señor otorgarnos la gracia de saborear la verdad de su promesa: "¡Paz abundante a los que aman tu ley!"
  9. Será provechoso que se estudie nuestra Regla, para practicarla con fidelidad cada vez mayor.
  10. Es necesario evitar los dos extremos: el excesivo rigor y la excesiva indulgencia.
  11. El buen religioso desde su celda mira al Paraíso: y así -cuando llegue la hora- no habrá antesala.

El religioso en su casa

  1. Sean todos unidos en la mente, en el corazón y en las fuerzas físicas para incrementar el bien de la casa.
  2. El Siervo de la Caridad debe sentir su corazón abrasado por el deseo de satisfacer su ingente hambre y sed de justicia; debe caminar con paso de gigante hacia la perfección, hasta el Calvario, para morir mártir con el Rey de los mártires.
  3. Los miembros de la Casa deben poseer mucha caridad para pensar y querer sólo aquello que se sabe agradable a Dios: lo cual se manifiesta a través de los Superiores.
  4. Los Siervos de la Caridad deben querer su casa como las abejas su colmena.
  5. Importa, más de lo que aparezca a primera vista, saber regularse según el espíritu de la Congregación, porque -sin esto- peligraría la misma Congregación.
  6. No hay familia o Congregación -aún la mejor ordenada- que con el correr de los años no pueda degenerar en abusos; como también que no pueda mejorar y perfeccionarse con el fervor de la caridad.
  7. Recuerde el Siervo de la Caridad que el Instituto ha nacido y creció con visible ayuda de la Providencia, la cual nunca faltará, siempre que el Instituto no pierda su espíritu.
  8. En la unidad de dirección está el reino de la paz y de la Caridad.

Vocaciones religiosas - Noviciado

  1. La formación de aspirantes, según el espíritu y las directivas de la Obra, es tan esencial como la levadura para obtener el fragante y sustancioso pan.
  2. Para la casa se requieren jóvenes que tengan paciencia, sencillez, y sean fervientes en celo de caridad.
  3. ¡Mucho importa, en una asociación religiosa, que todos se atengan a las esperanzas de su Superior, quien así transmite todo su pensamiento y querer!
  4. ¡Cuántas vocaciones podrían ganar aquellos que se han compenetrado del espíritu del Instituto y lo saben difundir en el corazón de los demás!
  5. El Instituto de los Siervos de la Caridad debe ser como un imán que atraiga a sí los corazones de las vocaciones.
  6. Es más fácil crear que conservar: es raro que un novicio bueno se torne mejor luego de la profesión, si no se observan atenciones especialísimas de cuidado y de solicitud.
  7. Se reciben en familia (los nuevos religiosos legos) con el íntimo gozo propio de los hermanos que viven de fe y caridad.
  8. El Señor a veces elige a aquellas personas que, ante el mundo, son estimadas en poco: el Señor elige a estas personas para confundir a los vanagloriosos.
  9. Deben (los Siervos de la Caridad) darse maña con prudente diligencia para atraer dulcemente nuevos ministros y obreros a la viña del Señor.
  10. El perfume de la rosa es el más agradable, porque es el más suave; así hay que atraer a muchos con la fragancia de la caridad, invitándolos a que sigan como hermanos queridos y alejándolos del hedor de los vicios, para que se deleiten con el aroma de la divina Caridad.
  11. ¡Qué bien se está en la Casa religiosa! El Superior, como padre, guía y dirige en todo momento los pasos del hijo, todavía inexperto. Hace falta la íntima persuasión de que sólo practicando la fe, la esperanza y la caridad se tiene el medio para bien vivir y bien morir. Y más necesaria aún es la profunda convicción de que esos actos se pueden practicar más viva y eficazmente en la soledad con Dios y en medio de los hermanos, entre los cuales está Cristo con su gracia.
  12. Aliente (el Superior local) a aquellos estudiantes y artesanos que desean adscribirse a la Casa; mientras tanto entérese de sus aptitudes. Infórmese de las vocaciones descuidadas que acá o allá pueden encontrarse en peligro, y -pudiéndolo- trate de ayudarlas con cariño.
  13. Ser diligente en la educación de los jóvenes seminaristas es el arte de las artes.
  14. El maestro de novicios, como hermano mayor y casi padre, convive con ellos y les enseña paso a paso, como Ángel custodio, maestro en la doctrina y padre de adopción, para que los alumnos gusten plenamente de las delicias de la nueva familia espiritual, a la cual se han adherido.
  15. El maestro trate de ingresar con suavidad en el corazón de los novicios, ganándose su confianza. Los prevenga contra las tentaciones, que el mundo y demonio insinúan, trabando su vocación religiosa.
  16. Con frecuencia y amabilidad hábleles del bien temporal y espiritual que se encuentra en la Congregación; anímelos a la vida de sacrificio en los varios ejercicios de caridad, al estudio, a la devoción; de vez en cuando -como premio- conceda algún consuelo de algún entretenimiento o paseo.
  17. El corazón del novicio debe calentarse al fuego de la caridad y, como masa fermentada puesta en el horno, debe volverse pan sabroso apto para saciar el hambre de justicia en sí y en los demás, fortaleciendo la humana debilidad.
  18. Pido al Altísimo que bendiga a los buenos hermanos legos y los multiplique tanto en virtudes como en número. Los encomiendo a sus hermanos mayores los Sacerdotes, que deben ser sus verdaderos maestros dechado de religiosa caridad.
  19. El Instituto de los Siervos de la Caridad se puede asemejar al pórtico que rodeaba la piscina probática en Jerusalén: allá yacían toda clase de enfermos. Los Superiores del Instituto deben ser como el ángel que mueve las aguas, para que los enfermos, al arrojarse a ellas, logren la ansiada salud.
  20. Sería una caridad mal entendida postergar largamente la decisión sobre una vocación muy incierta.

martes, 8 de febrero de 2011

Caridad y corrección fraterna

  1. En una Congregación religiosa debe primar, ante todo, reina y soberana, la Caridad. Sin embargo hay que reparar en que es una flor primorosa de la Caridad el llamar la atención -pronta y enérgicamente- tiende a desviarse y alejarse como un cordero indócil de balido de la madre y del rebaño.
  2. Las Instituciones religiosas que han surgido a lo largo de los siglos prosperaron en tanto se mantuvo en ellas la gracia de amarse unos a otros en el Señor.
  3. El corazón de los cristianos que viven en comunidad debe armarse de paciencia y saber tolerar a los demás, ayudarlos y aprovechar la ocasión para atesorar méritos.
  4. Ámense, ámense tiernamente en Dios, nobilísimo centro de sus aspiraciones, y su amor se volverá fuente de alegría y los llenará de méritos para la otra vida.
  5. Defectos tenemos todos: es necesario insistir que la caridad bien entendida está en soportarse recíprocamente los defectos.
  6. Ténganse mutua confianza, cultivando la virtud de la sana alegría.
  7. Hay que desconfiar de los caracteres cerrados: se parecen a libros cerrados, que no se pueden leer.
  8. Se debe tener la sustancia de la caridad; no es necesario poseer íntegramente la forma y los accidentes de la misma, porque ciertos modales ásperos y toscos son como las espinas que protegen a la hermosa flor de la rosa. Hace falta comprender bien esto, para que nadie se admire o escandalice.
  9. Es una tentación grave reparar en los defectos o imperfecciones de las personas o del gobierno, defectos que generalmente son imposibles de eliminar. La mutua comprensión y el humilde y paciente ejercicio de la caridad son el remedio más eficaz y esto hay que recomendarlo cálidamente.
  10. Fuerte lazo de unión fraternal y de unidad directiva es que cada uno de los Superiores inmediatos y mediatos cumpla diligentemente con su tarea.
  11. Todo miembro de la Familia ha de corregir, en cuanto pueda, su carácter: ha de llegar a un trato sencillo, desinhibido y alegre, de tal modo que todos queden admirados, contentos y edificados.
  12. El hombre religioso no pierda un solo minuto de tiempo: todas sus energías -del cuerpo y del espíritu- las ha de emplear para asegurar su santificación personal y la salvación del prójimo.
  13. No sólo en conferencias, sino también en reuniones comunes, como a la mesa, en los recreos, es bueno que se converse de cosas útiles, en particular acerca de la mejor manera de hacer progresar el Instituto.
  14. Apunta a una profunda espiritualidad, pero ten paciencia con quien tiene un paso más lento.
  15. Por medio de las prácticas piadosas, crezcan los religiosos en la escuela de los santos, saboreen la dicha de la conversación celestial.
  16. He aquí lo que constituye a un "santo": cumplir bien con su oficio.
  17. Ante los ojos de Dios, en su casa, toda tarea es noble y meritoria. El que ejecuta bien los pequeños oficios, sabrá llevar a cabo las más grandes empresas.

Vida Religiosa

  1. Las Instituciones religiosas que han surgido a lo largo de los siglos prosperaron en tanto se mantuvo en ellas la gracia de amarse unos a otros.
  2. Ser llamado a seguir los Consejos evangélicos es para nosotros una gracia singular de Dios.
  3. Las Congregaciones religiosas han sido siempre jardines de devoción en la Iglesia, quintas en las que crecen fácilmente los árboles de la santidad cristiana.
  4. Las nuevas Instituciones (como la nuestra) son como un hogar donde uno se calienta en los tiempos de frialdad de fe; son como un oasis que reconforta, al cruzar el desierto de la vida; son como la levadura que fermenta la masa y permite que se cueza el sabroso pan, en beneficio de los individuos de la sociedad cristiana.
  5. Los exhorto a reconocer cada vez más y mejor el gran beneficio que el Señor nos ha concedido al reunirnos como congregación religiosa: los exhorto a corresponder cada vez más a la abundancia de esta gracia, observando diligentemente las Reglas de nuestro instituto.
  6. El lugar de descanso está allí arriba; la vida religiosa en la tierra es como la rosa, que tiene sus espinas; es el monte de las bienaventuranzas donde se multiplican panes y pescados, pero es al mismo tiempo Getsemaní y Calvario.
  7. El hombre virtuoso es un tesoro inestimable para hacer prosperar la vida de una familia religiosa.
  8. La perfección de los votos religiosos es como una escalera de ocho escalones y se sube paulatinamente, según las fuerzas que uno tiene y según la gracia que también recibe de Dios.
  9. Cada uno habite en la Casa con respeto y amor, como en la Casa de Dios.
  10. ¡Qué valiosa es la vida religiosa para los que la aprecian debidamente!
  11. ¿Qué gloria y cuánto mérito ser llamado a formar parte de una Congregación!
  12. Quien se somete al yugo de los divinos mandamientos y a la carga de los Consejos evangélicos es doblemente afortunado.
  13. Ovejitas buenas deben ser las almas de los Siervos de la caridad, que siguen los pasos del Divino Cordero: tra Él y con él entren por los caminos que indican la regla y los superiores inmediatos.
  14. Los votos religiosos son los senderos de perfección que llevan rápidamente a la unión con Dios y el prójimo.
  15. Es muy necesario que el hombre religioso no pierda un minuto de tiempo y emplee todas las fuerzas del cuerpo y del espíritu para asegurar la propia santificación y la salvación de su prójimo.
  16. El camino más breve y seguro para alcanzar la felicidad temporal y eterna es el de los Consejos evangélicos.
  17. Somos Siervos de la Caridad, porque la Caridad de Cristo nos ha atraído: practiquemos con fervor las obras de misericordia de nuestro Instituto, y obtendremos ampliamente la misericordia del Señor.