- El gran deber de todo cristiano es no temblar frente al peligro; hay que trabajar con todas las fuerzas y en las maneras que la Divina Providencia sugiere.
- Cuando uno tiene vivísimo deseo de hacer el bien, supera todas las barreras y se hace presente.
- Hay que acostumbrarse a las contradicciones, sin desanimarse nunca: en ellas encontramos nuevas fuerzas, como los remeros que se robustecen más remando en la tempestad.
- Trabajar con vigor y al mismo tiempo con tranquilidad, estar unidos y contentarnos de los humildes servicios de cada día: esto se llama medio seguro para sacar provecho de sus talentos.
- ¡Qué dicha cuando Dios nos venga a visitar! Mientras tanto, como centinelas fieles, quedemos en nuestro lugar, a la espera.
- La paciencia de espíritu es como la abeja reina en una colmena: si se la quita las abejas se alborotan, murmuran y se matan hasta la última.
- Una persona ignorante, pero paciente, obtiene mucho más que otra docta e instruida, pero fogosa y precipitada.
Aquí encontrarás la recopilación de máximas y avisos del Beato Luis Guanella que constan en el libro "Luces para un camino".
domingo, 13 de febrero de 2011
Constancia en las adversidades.
Sufrimientos y alegrías
- La santidad, y por lo tanto la felicidad del hombre, consiste en observar los preceptos de la caridad, aún cuando las pruebas sean grandes y difíciles.
- Cuando experimentamos alguna pena particular, alentémonos al ver que los santos han padecido alegremente penas mayores.
- Debemos trabajar con voluntad vigorosa, con espíritu alegre, porque si es del agrado de Dios podemos brindar al prójimo un buen ejemplo de abnegación, y así cumplimos con la voluntad de nuestra vocación.
- Cualquier desventura que nos sobrevenga no debemos juzgarla una desgracia, sino un cáliz de amorosa medicina.
- Este mundo está lleno de iniquidad: necesita víctima para que se salve.
- No hay satisfacción que se pueda comparar con las del sufrimiento.
- Es hermoso llorar con quien llora, mucho más hermoso es gemir para que los demás puedan disfrutar de las delicias del Cielo.
- Los padecimientos forman el baño que sirve para purificar el alma y que pueda presentarse limpia a la presencia de Dios.
- La escuela del dolor es la más eficaz que Dios usa con nosotros.
- Sin padecer mucho es imposible a cualquiera alcanzar un grado de virtud y prosperidad.
- Dolores y alegrías se alternan en la vida: hace falta amar las tribulaciones para ser dignos de consuelos que luego Dios otorgará en la prosperidad.
- Las dificultades son el sello de aprobación de nuestras obras.
- El cimiento de las Casas de la Divina Providencia está representado por la letra "F" repetida cuatro veces: "fame, fumo, freddo, fastidi" (esto es: hambre, humo, frío, molestias).
- Poco a poco, amorosamente, es necesario llevar el corazón de los jóvenes por el camino espinoso de la Cruz, hacia la santificación.
- Se desea que los Siervos de la Caridad sean héroes en el ejercicio de la mortificación con este sencillo recurso: doblar los hombros en un suave pero continuado trabajo en el desempeño de sus oficios.
- Se desea que cada uno se acueste a la noche cansado y como molido a palos, y así pueda dormirse satisfecho y feliz.
- Cuantos mayores sean las pruebas a las que Dios quiera someterlos, tanto mayores serán las gracias con las que Él los colmará.
- Para ser pequeños fundadores se necesita ardor, sacrificio y fe.
- Dios es el manantial inagotable de felicidad.
- Nuestra penitencias, nuestro cilicio, lo constituya un trabajo enérgico.
- Obsérvense con diligencia los días de abstinencia y ayuno que manda la santa Iglesia; agréguese, en obsequio al Sagrado Corazón el ayuno de todos los viernes del año. Otras mortificaciones se pueden suplir con la operosidad enérgica y el eficaz desempeño en las tareas.
- Nuestro mayor sacrificio es el de observar la Regla con exactitud.
Penitencia
- Las fatigas de la vida, la pobreza, las contradicciones avivan la llama de pensamientos y propósitos santos.
- ¡Pobre de aquél que no sabe mortificarse! Más pobre aún el religioso que no se aprovecha del espíritu de penitencia para hacer progresos en la santificación de su alma.
- Es tan necesaria la mortificación que -sin ella- no se podría llevar una vida razonable sobre la tierra.
- Quien desea obrar bien, no debe reparar en las incomodidades, ni tener miedo de perder cuatro pesos, por amor a Dios.
- Las mortificaciones y penitencias sirven en particular para tener humilde la cabeza, fuerte el corazón, sujeto el cuerpo.
- Hay que mortificar la vista sin parecer mojigato; el oído sin ser o parecer rústico.
- La mortificación nos tiene clavados con Cristo en la cruz.
- Con ejercicios penosos y entrenamientos se hacen célebres los atletas seglares; mucho mejor y más eficazmente se hacen santos los personajes ilustres de la virtud cristiana.
- Bueno es mortificar la carne, pero es mucho mejor purificar el corazón de los afectos impuros o incontrolados.
- Sin cansancio no se hace nada.
- ¡Cuánto trabajo de mortificación antes de volverse instrumentos dignos en las manos de Cristo, para obras santas!
- Despacio, pero constantemente, trabaja Dios en el alma, como lo hace el cincel del artista sobre el mármol, para sacar a luz una hermosa estatua.
- Sufrimientos extraordinarios, gracias extraordinarias.
- La tribulación es el martillo con que se perfecciona nuestra alma.
- La víctima que sufre tiene el corazón semejante al de Jesús.
- Se necesitan víctimas para edificar Obras.
- Hacen falta víctimas en todo, pero en particular para levantar baluartes de salvación para las almas.
- No es posible hacer el bien más que subiendo al fatigoso camino del Calvario.
- ¡Pobre el hombre que no está guiado por el espíritu de mortificación!
- La virtud que salva mana del Calvario.
- La más grande bienaventuranza para el cristiano es sufrir por amor de Dios.
- Las batallas del espíritu son duras, pero ¡qué gloria salir con la victoria!
- Arraiguen en su corazón a Jesús Crucificado y todas las espinas les parecerán rosas.
- Para hacer el bien hay que subir al Calvario.
- Las obras de Dios deben tener como base al sufrimiento.
- El amor es el agente del heroísmo en los sacrificios.
- El que de veras quiere amar a Dios, no lo logra sin no tiene sed continua de padecer.
- ¡Qué dulce es el sufrir en presencia de Dios y del Paraíso!
- El amor de las almas fervientes no siente carga alguna de cansancio.
- Hay que temer más la bonanza que las adversidades.
- Muchas son las aflicciones del alma: únicamente se curan con el dolor.
- ¡Cuánto trabajo de mortificación, antes que se imprima en la mente y en el corazón la imagen de Cristo y se pueda llegar a ser dignos instrumentos de bien en las manos del Señor bendito!
Castidad
- El corazón del cristiano casto debe ser de oro puro, ferviente en la caridad, como el sol que ilumina y calienta cualquier cosa creada, aún sucia, sin recibir en su resplandor ninguna mancha.
- El fuego rechaza de sí las gotas de agua porque son contrarias a su naturaleza; de igual modo, el corazón puro rechaza de sí cualquier pensamiento impropio.
- El corazón del cristiano casto está hecho a semejanza del Corazón adorable de Jesús.
- Todo cristiano santamente educado se comporta como cándida y fragante azucena, siempre en acitud de alegrar la visa y el olfato con su presencia.
- El cristiano, casto en las facultades y en los sentidos del cuerpo, debe ser como la hierba sensitiva que no quiere ser tocada: se debe conservar cándido como la nieve en los sentidos de la vista, del oído, del gusto, del olfato.
- Los medios para conservarse puros y casos son: vivir constantemente en la divina presencia; vigilar los sentidos; orar sin interrupción; comulgar cada día, permitiéndolo el confesor... guardar su corazón de los afectos de simpatía o antipatía; huir, como de la peste, de las parcialidades y sensiblerías. Luego vivir sobriamente en cuanto a los alimentos, bebida, descanso; y por fin: tener siempre enérgicamente ocupadas las fuerzas físicas y mentales. Esto constituye un remedio seguro para salir airoso y puro de cualquier grave tentación.
Pobreza
- El primer paso en el camino de la perfección se da al despegarse de las cosas terrenales: esto es absolutamente necesario para amar de veras a Dios, y poder vivir en paz consigo y en caridad con el prójimo.
- La pobreza, a la luz de la fe, es un gran regalo; de alguna manera hay que experimentar los efectos de la pobreza.
- Practicando la pobreza el religioso se gana un tesoro del Paraíso; es de fe la promesa: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque a ellos pertenece el Reino de los Cielos.
- Una basurita cualquiera en los ojos nos molestaría: lo mismo a la Congregación un afecto menos recto o decoroso.
- En cada uno quede apagado el deseo de las cosas terrenas: acostúmbrese cada cual a ver superfluo hasta lo necesario. Lo que tenemos no es nuestro, sino de los pobres, porque por ellos nos ha sido dado y para ellos lo buscamos.
- Aténganse los sacerdotes -escrupulosamente- a las reglas de pobreza: en la persona, en la pieza, en las adquisiciones, según la índole de la casa.
- Los Siervos de la Caridad muy observantes buscan para sí el último lugar a la mesa, en los vestidos, en el descanso.
- Mantengan limpias y acogedoras sus Casas, pero cuídense de las pretensiones del progreso, que podría ser una chispa apta para provocar un incendio.
- Si quieren que la Congregación languidezca, hagan que se vuelva rica: la prosperidad y las riquezas mayores y menores proveen de veneno que corrompe.
sábado, 12 de febrero de 2011
Contra el amor propio
- Nuestro peor enemigo es nuestro amor propio y nuestras malas inclinaciones: urge, por lo tanto, vivir siempre en sumisión.
- El ejemplo más hermoso que podemos dar es cuando somos humildes. La más suave satisfacción es cuando lloramos nuestros pecados.
- Los defectos -que siempre nos acompañarán- deben servirnos de purgatorio en este mundo, de motivo de humildad, de mayor confianza en Dios, médico tan sabio que hasta del mismo mal saca bienes mayores.
- ¡No se atengan al propio juicio! Suele emborrachar con sus razones.
- El que es auténticamente humilde no puede creer que se le falte en algo.
- Todo lo debemos hacer a la mayor gloria de Dios, sin reparar en la alabanza o adulación del mundo.
- Los puestos más humildes son los más seguros.
- No va en contra de la humildad, sino que le conviene, desear cosas grandes a la mayor gloria de Dios.
- ¡Qué profundo se debe cavar para poner los cimientos de la humildad y de la fe, que deben sostener un rascacielos de santidad!¡Y no hay que decir nunca "basta" en tal construcción!
- Cuando te hundes en el abismo de tus miserias, entonces intervendrá Dios y te envolverá con tal luz, que hará palidecer el brillo de todos los astros.
Obediencia
- El voto de obediencia constituye al religioso en hombre perfecto, porque donar a Dios la propia inteligencia y el propio corazón por intermedio de los Superiores, es ofrecerle el "maximum" y lo mejor de sí.
- El más alto grado de perfección religiosa consiste en la perfecta sumisión de nuestra voluntad a la voluntad divina, manifestada por los Superiores legítimos.
- El hijo obediente es un santo.
- El religioso que como hijo respetuoso dona su voluntad a Dios Padre repite el acto incomparable del Verbo terno, quien se hizo hombre para acatar íntegramente la voluntad del Padre.
- El bautismo nos hace nacer en el hogar de Dios; la obediencia nos hace nacer en el corazón del Padre.
- ¡Mientras tengamos un día de vida, trabajemos!
- En la voz de los Superiores está la santa voluntad del Señor: escúchenla entonces con religiosa atención y cumplan con compromiso el mandato confiado a su prudente laboriosidad.
- Es mucho mejor obedecer que mandar.
- Ser pobre y no apegar el corazón a los bienes de aquí es fácil: ser rico y no apegar el corazón a las riquezas es milagroso.
- El Señor a los obedientes prometió la victoria contra las tentaciones de la carne, es decir, de los sentidos, del mundo y del demonio: "el hombre obediente se vuelve personaje meritorio, que siempre y sobre todos los adversarios canta victoria.
- Los santos varones que llegaron a la cumbre de la perfección -todos- se esforzaron en estudiar y practicar la virtud de la obediencia.
- El que ofrece totalmente su voluntad a Dios merece que Dios por reciprocidad le done todo su Corazón.
- El demonio trata de alejarlos de los Superiores, de la Regla, de entibiar su fervor.. Perderán la vocación.
- Idólatras de la propia voluntad son los que en lugar de adorar la santísima voluntad de Dios -manifestada por los Superiores- siguen la suya propia que se expresa en deseos y afectos desordenados.
- El verdadero obediente intima con los misterios del Corazón de Cristo y, fusionándose con su querer, se familiariza con la augusta Trinidad, adueñándose de todos sus tesoros.
- El obediente estudia y asimila el espíritu de la Regla, la cual es su guía; presta atención a los deseos de los Superiores y casi se anticipa a ellos, sabiendo que así cumple con la voluntad de Dios.
- El hijo superior a todo elogio, posee mayor agudeza de inteligencia y exquisita delicadeza de corazón: emplea todas sus potencias en conocer la voluntad divina, en los detalles que más agradan al Sagrado Corazón, esforzándose por ponerlos en obra, firme y constantemente, hasta el último suspiro. Y con la misma reverencia, acata la voluntad de los Superiores, que son los representantes de Dios, acata la Regla, que es el código de los Mandamientos divinos, el Reglamento, que es la extensión menuda de los deseos del Padre celestial.
- Cada cohermano debe ser como un libro abierto en las manos de su Superior, para que éste pueda asignar con acierto los oficios en proporción a las fuerzas de cada uno.
- La virtud del discernimiento debe ser la que descuelle en un Superior; y también -en los miembros de una comunidad religiosa- debe primar la virtud de una piadosa comprensión.
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